Titulares y suplentes: todo quedó claro
...el técnico Comesaña, tras la derrota 3-2 de Junior ante Once Caldas,
debe saber quiénes son titulares, quiénes suplentes y quiénes ni siquiera
deben ir al banco

No hay que alarmarse. Así como nadie sacó el carro de Bomberos con las goleadas y demostraciones de fútbol que dio Junior durante las primeras nueve fechas de la Liga Águila, tampoco hay que ser alarmistas ni derrotistas por un duro revés. Y digo duro revés porque, aunque ya había perdido con Alianza, la derrota ante Once Caldas ha desnudado falencias que escondían Chará con sus goles y el funcionamiento de un equipo seguro en defensa.

 

Muy pocos equipos se han atrevido a atacar a este Junior. Salvo Nacional, que le robó la pelota en aquel duelo en el Metropolitano en el que Junior se impuso 2-0, los demás rivales han optado por esperar.

 

Once Caldas, digamos, lo atacó con timidez, pero con una herramienta poco explotada por los anteriores equipos: centros cruzados y pelotazos largos, con Alcatraz García como protagonista por su depurada técnica.

 

Ahí  Junior quedó expuesto. En todos los balones aéreos perdieron los centrales. Rafael Pérez se equivocó en el primer gol de Farías y Marlon Piedrahíta, lateral derecho, perdió la marca en el segundo tanto.

 

Ver al Junior este semestre perdiendo por dos goles en apenas 45 minutos resultó tan raro como que en una Barranquilla en la que el sol brilla casi todos los días, no se viera el eclipse solar del pasado lunes.

 

Once Caldas había anotado solo 8 goles en 9 partidos, menos de uno por juego, y en este hizo 3. Junior, en cambio, había recibido 3 en 9 partidos, promedio de menos de medio gol por juego y en este encajó 3. ¡Rarísimo!

 

Digo que esta derrota 3-2, pese a que el equipo luchó hasta el final y Chará pudo seguir con su racha goleadora en Liga para acortar el marcador, desnudó la teoría que defendía Comesaña, y que pregonan todos los técnicos, de que en su equipo no hay titulares ni suplentes.

 

Esa premisa, tras la fecha 10, cuando se parte en dos la temporada y se entra en la recta final, no tiene peso hoy en Junior.

 

¿Quién se atreve a decir hoy que Marlon Piedrahíta es más que Murillo? ¿O que Sebastián Hernández está por encima de Víctor Cantillo? ¿Hay alguien que sostenga con argumentos que Matías Mier es mejor hoy que Léiner Escalante o que el mismo Luis Díaz?

 

Análisis aparte merece Roberto Ovelar, a quien debe empezársele a calificar por goles y no por pivoteadas o desmarques de ruptura, como dicen los comentaristas de ahora para hacer referencia a diagonales para recibir balones. Aunque tampoco está haciendo esto último.

 

El paraguayo está en una zona de confort impuesta por el mismo técnico, pues al no tener a Bernardo Cuesta ni en el banco de suplentes, queda como única opción de centrodelantero. Y Chará es quien está haciendo los goles (lleva 9 y es el goleador de la Liga).

 

Sin embargo, insistimos en que no hay que ser alarmista. Perder un partido está en la lógica del juego, aunque sea con el peor Once Caldas de las últimas temporadas.

 

Que esta derrota sirva para aterrizar. Que sean pellizcos que les recuerden a los jugadores lo terrenal que son y corregir para no cometer estos errores en las instancias definitivas.


Viera, el espectador VIP del Metropolitano

En la zona mixta del Metropolitano, Sebastián Viera pasó cuidadosamente peinado. A juzgar por lo poco que fue requerido ante Once Caldas, me atrevería a decir que ni siquiera tuvo que ducharse. ¡Ni sudó! solo a los 31 minutos del segundo tiempo, cuando ya el partido estaba 2-0, pudo estrenar sus guantes, ante un remate de Mateo Cardona, hermano de Edwin. Junior volvió a golear a su rival en el Metro. Ya lo habían sufrido, en Liga, Equidad (3-0), América (3-0), Nacional (2-0), Envigado (2-0) y ahora Once Caldas (3-0). En este último partido se confirmaron las sospechas: todos van a venir al Metro a cruzar dos buses y tratar de, al menos, empatar en el mejor de los casos; o no salir goleados.

 

Sebastián Viera,  con esos planteamientos ultradefensivos, se ha convertido en un espectador VIP de los partidos de Junior en el Metropolitano. En cinco juegos de local no le han hecho goles.

 

Y el uruguayo hasta se atreve a bromear con esta situación tan peculiar. “Uno está ahí en el arco solo empieza a pensar muchas cosas, pero hay que concentrarse porque para el arquero estos partidos son jodidos, porque llegan una o dos veces y hay que responder”.

 

También reconoce que el mérito al poco trabajo que tiene se debe, además del temor de algunos conjuntos de abrirse de tú a tú con Junior, al oficio de Leonardo Pico y Víctor Cantillo (otras veces James, otras Hernández); y a la solidaridad de todo el equipo. Todos corren, todos meten.

 

El mérito es de Comesaña. Ha utilizado en zona defensiva a todos los elementos disponibles. Incluso este domingo jugó Jorge Arias, que no había actuado por lesión. En la zona medular también, para la muestra la entrada de Luis Narváez, que regresó tras una grave lesión.

 

El que entra ha jugado igual o mejor que el titular y ahí tiene que ver no solo el trabajo físico y táctico, sino el psicológico. ¿Cómo mantener motivado a 19 jugadores que no son considerados, por la prensa y el público, rigurosos titulares? Comesaña tiene el secreto.

 

Tendrá Junior empezar a trabajar entonces en tácticas y estrategias para tumbar las murallas que vendrán a levantar los técnicos rivales, que no querrán salir goleados el fortín tiburón que tiene a su servicio una artillería temible.

 

En ese esquema, Comesaña debería buscarle un nuevo puesto a Viera, para que pueda tocar el balón. Al paso que va Junior, el charrúa seguirá siendo espectador VIP (es broma).


El corazón de Junior, el corazón de Comesaña

Wilson Lamourux tenía el silbato en la boca para decretar el final del partido y la segunda derrota de Junior cuando apareció Yimmi Chará y cambió la historia. Freno, enganche y caricia al balón con la zurda, como ante Millonarios, para el 1-1. Esta vez lo padeció el experimentado Breiner Castillo. El corazón de Julio Comesaña, que no pudo dirigir en Neiva por asuntos coronarios, de seguro bombeó sangre con la fuerza de siempre a medida que el balón entraba ajustado al palo de la mano derecha de Brecas. Imagino al técnico saltar de sopetón del sillón, en su habitación de hotel, con las manos levantadas y escupiendo a gritos la palabra gol. Se debió sentir más vivo que nunca Julio.

 

Su corazón, en el que no cabe más amor por Junior, es el mismo de aquel león que volvió en 1975 para ser campeón.

 

Está más fuerte -según lo ha dicho él mismo- como cuando salvó a Junior del descenso, con la zozobra hasta la última fecha. Y late de felicidad como en el título de 1993.

 

Ayer, tras el cateterismo que le practicaron, Chará lo puso a prueba. Una emoción tan grande como la que significa empatar en el último minuto solo la aguanta un corazón saludable.

 

No hay que preocuparse por la salud coronaria del DT ni por el partido regular que Junior jugó ayer ante Huila. Pero sí estar alertas.

 

Yimmi Chará es el corazón de Junior y mientras el corazón esté latiendo hay vida. Quedó demostrado con ese gol en la última exhalación que le da el liderato a Junior.

 

El pequeñín de trenzas no tuvo una buena tarde, como no la tuvo ninguno de los encargados del ataque. Pero estaba ahí, pum, pum, pum, incisivo como un latido. Hoy es el goleador de Junior y de la Liga con 7 goles en 8 partidos.

 

Una estadística que debe atemorizar a los otros 11 arqueros que deberán enfrentarlo este semestre.

 

Claro, deberá Comesaña tomar correctivos en la confección del equipo. Ocurre que cuando hay mucho material y de buena calidad es difícil escoger. Víctor Cantillo, por ejemplo, hoy está por encima de Hernández y Sánchez; Escalante es mucho más que Mier.

 

La competencia, puesto por puesto, está reñida. Jugador que despabile perderá el puesto. Y para esto Comesaña deberá dejar a un lado su corazón y guiarse con la razón.

 

El feo partido de ayer, sin ideas, sin chispa ofensiva ante un rival limitado y temeroso, aunque es historia no debe ser olvidado. Hay que corregir sobre lo ocurrido.

 

Este domingo el hincha de Junior espera que regrese el buen fútbol. También se ilusiona con celebrar la estrella en diciembre. Pero hace falta mucho aún. Mientras llega el momento, aguanta corazón, aguanta.

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